¡Oh, soledad! Si contigo debo vivir,
que no sea en molesta muchedumbre
en turbias y oscuras moradas.
Subamos juntos por lo abrupto,
hacia el observatorio de la Naturaleza.
(…)
A quien en la ciudad estuvo encerrado largo tiempo
le es dulce contemplar la serena
y abierta faz del cielo y exhalar su plegaria
hacia la gran sonrisa del azul firmamento.
John Keats.


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