Vivir con plenitud el tiempo cíclico de la naturaleza: ¿no es ocupación suficiente contemplar el avance de las estaciones?, se pregunta Thoreau en sus Diarios. Maravillosa es la perfecta quietud y la paz del paisaje invernal. La claridad y luminosidad de su cielo. Tiempo fértil como ninguno. Salgamos y renovemos nuestra alianza con la naturaleza también en estas fechas.
Un libro verdaderamente bueno es el que me enseña a hacer cosas mejores que leerlo. Enseguida debo soltarlo y empezar a vivir según su consejo.

Camino hacia Walden, veo en el Cut, cerca de donde está la cabaña, una buena bandada de Fringilla hyemalis y de jilgueros, juntos, por la nieve, la maleza y el suelo. Oigo el trino agudo y acuoso ya conocido de los últimos, y el chil chil más seco de los primeros…
Cuando salgo al atardecer, preparo la estufa de manera que, a mi regreso, encuentre siempre un buen fuego ardiendo; aunque, de estar presente, habría requerido mi atención frecuente. Así, cuando sé que voy a estar en casa, a veces hago como si fuera a salir, para ahorrarme molestias. Y éste es también el arte de vivir: dejar nuestra vida en un estado en el que pueda funcionar sola y no exija una supervisión constante. Entonces nos sentaremos tranquilamente a vivir, como si estuviéramos junto a la estufa.
Tal es siempre la belleza, no aquí ni allí, ahora ni entonces, ni en Roma ni en Atenas, sino donde haya un alma que admire. Si la persigo en otro lugar porque no la encuentro en casa, mi búsqueda será infructuosa.
Thoreau, Henry David (2021). El Gran Invierno. Madrid. Errata Naturae.


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