Entre el Júcar y el Huécar

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1–2 minutos

8 de enero. Cuenca. Cuenca es una ciudad para mirarla. Situada en el interfluvio de los ríos Júcar y Húecar, su casas se muestran «colgadas» sobre los escarpes de ambas hoces. Nidos de águilas, escribió Baroja. Recorrerla por dentro sí, pero sobre todo por fuera. Para mirarla.

Caminamos por la senda de los hocinos, las huertas de los derrumbaderos, hacia el barrio del Castillo; entre almendros, higueras, cornicabras, almeces y zumaques. Es enero, pero los zapaticos de muro (Sarcocapnos enneaphylla) florecidos decoran los paredones calizos y un jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) añade notas de color a nuestra ruta. Imaginamos el paraje en primavera, esos almendros…

Recorremos también la senda fluvial que, entre vegetación de ribera y ya en la hoz del Júcar, nos conduce hacia la confluencia de ambos ríos:

Y el Huécar baja cantando,
sabiendo lo que le espera,
que va al abrazo ladrón

de su nombre y de su herencia. Gerardo Diego.


Aunque la estancia sea breve, se disfruta. Mirar por el agujero de la cerradura… se disfruta.

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